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martes, 11 de enero de 2011

Política Vs Política

Pocas palabras de nuestro lenguaje pueden tener concepciones tan diferentes y contrapuestas como las que se atribuyen a la política. Y ayer pude comprobarlo, lamentablemente para nuestra salud democrática, al ver cómo en un mismo escenario en el que, entiendo, todos tenemos suficientemente clara nuestra función, defendemos manifestaciones tan opuestas del mismo concepto. Los políticos nos quejamos con demasiada frecuencia de la mala concepción que los ciudadanos tienen de nosotros y de la actividad que realizamos, y también nos amparamos con excesiva ligereza en el paraguas de la impunidad de sentencias como "la política es así" o "son las cosas de la política" para justificar hechos y acciones en ningún modo aceptables en cualquier otro ámbito de la vida. Pero lamentablemente manifestaciones como las que tuve que escuchar ayer hacen que entienda porqué los ciudadanos nos ven como un problema y no como una solución. 
Entiendo y respeto que cada cual pueda tener su propia convicción de lo que es la política y la finalidad de su acción, pero permítanme que muestre mi desacuerdo con el planteamiento de que cualquier acción que se realice en el ámbito de la política es con la única finalidad de obtener votos para ganar unas elecciones o mantenerse en el poder.
Muchos consideran que tengo una visión política errónea, que mis planteamientos son equívocos; pero disculpar mi osadía si afirmo que la que está equivocada es la "política" actual. Y un síntoma preocupante es que te tachen de utópico cuando haces uso de la que considero es la acepción real del concepto "política", y esencia del espíritu que encierra, porque consideres que la política es una herramienta que permite utilizar el poder organizado público para obtener un beneficio común vinculado al interés general y que repercutirá en el pueblo.
Parece ser que algunos entienden que política y ética no pueden conjugarse juntas, pero yo tengo la convicción de que la primera nunca podrá obtener el benéfico común, ni repercutir adecuadamente sobre nuestra sociedad y sus ciudadanos sin la presencia imprescindible de la segunda.
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